El día que jugué en el Barça

El día que jugué en el Barça
marzo 26 04:33 2015

Quizás empezaste a jugar al tenis de grande, porque te invitaron algunos amigos, con los que hacías paddle, y una noche te despertaste soñando que jugabas la Copa Davis. O los fines de semana aprovechas la mountain bike, para recorrer caminos con un buen grupo de ciclistas, y  en julio te pegás a la tele para ver el Tour de France. Y quien no juega entre semana un picado de futbol y fantasea, como el Diego: “jugar algún día con la selección argentina”. Cualquier amateur sueña, en algún momento, con ser como sus ídolos, o al menos estar codo a codo en el mismo escenario.

Marcela

Marcela en el árbol de la recta opuesta del CeNARD, disfrutando del Campeonato

Hoy cumplí ese sueño, mientras terminaba la entrada en calor por la recta principal del CeNARD, descubrí que no había un solo corredor allí al que, de una forma u otra, yo no admirada. Así como el “Gato” Gaudio antes de recibir la copa de Roland Garros pensaba “debo ser el peor ganador del torneo de la historia”, también se me cruzó por la cabeza “soy el único malo en esta pista”. Lamentablemente las similitudes terminaron ahí, y yo no salí nunca (hasta hoy) con Marcela Kloosterboer.

Todos corredores de 29 o 30 minutos, todos múltiples ganadores, todos atletas desde la adolescencia, todos ellos y yo, a punto de largar el Campeonato Nacional de 10.000 metros. La televisión seguía sus pasos, se disparaban las cámaras y los celulares de todo el público, que abarrotaba la vuelta completa a la pista, los gritos bajaban de la tribuna como en un gran circo romano, generaban un ambiente que sólo había visto una vez, pero desde afuera. Fue en el anterior Nacional del que participé, pero por mis marcas largué en la segunda serie, y vi la mejor carrera que jamás había visto, pero desde afuera. Así y todo no fue tan convocante como este año, la mayor ciudad del país mostro su calidad de anfitriona y no le importó que fuera miércoles a la tarde, todos parecían estar ahí. Y ahora yo estaba en la primera serie, ahora corría contra lo mejor de lo mejor.

Largada Nac

Pero el hábito no hace al monje, y jugar en el Barça no te transforma en Messi. En el ovalo, la diferencia se marca mucho más que mezclado entre once jugadores. En mi caso, alcanzó una sola vuelta de las 25 para demostrar donde estaban ellos, y donde estaba yo. Largué al ritmo que tenía planeado, buscando llegar a la mitad de la carrera en 15’45”, pero todo el resto tenía ganas de correr debajo de 3 minutos por kilómetro, y me refiero a absolutamente todos, menos yo.

TV

Imagen de la TV que atestigua que hasta el primer minuto fui con el pelotón

Vi como, a partir de la segunda vuelta, el pelotón se iba giro a giro, hasta que en poco tiempo, quedé corriendo sólo en cada recta; solo yo, la pista, y cientos de personas (y miles por televisión) viendo como era dejado atrás, muy atrás, por todos. Podría haberme sentido mal; desubicado, humillado, aplastado. Pero para quien empezó a correr para bajar la panza a los 27 años, todo lo que venga después de un abdomen chato: es un regalo. Y estar en los 10.000 metros más importante de mi país, siendo esta mí prueba favorita, es uno de los mejores regalos que podría imaginar.

solo panorámicaConfiaba en que era cuestión de paciencia, un 10.000 requiere mucha paciencia, y no había competido ya, 10 veces antes, en los 10.000 metros como para no aprender nada. Girando vuelta a vuelta, enfocando en el presente, esperaba que alguien pagara el precio de girar debajo de 1’12” la vuelta. No era la primera vez que iba a pasar, ya lo había visto en muchas oportunidades, sólo había que esperar, aún sin saber cuánto tiempo, y mientras, poniendo lo mejor de mí en cada giro. El pelotón se había ido muy lejos, me había sacado más de media vuelta, seguían todos unidos, y yo solo. Pero seguía esperando, confiado en el camino andado para llegar hasta ese momento.

Con Luis, Colo y Ulises

Los tres famosos y yo. ¿Pero quién estaba más contento de los cuatro?

Pasé el ecuador en 15’44” y a partir de allí lo distinguí, estaba muy lejos aún, era imposible verlo en la recta, pero ya era menos de media vuelta, ya podía divisarlo sin mirar hacia atrás. Un atleta de Paraguay había sido el primero en perder el grupo, en pagar el precio. En ese momento sólo una cosa importaba, no dejar de mirarlo nunca. Al entrar en la recta tomaba la referencia de cómo iba en la curva, al principio ya estaba por el final, un par de giros más tarde ya no llegaba a la mitad del giro cuando yo ya lo divisaba. Me empiezan a pasar algunos punteros y aprovecho el envión, sigo último, pero tengo un objetivo bien claro; dejar de serlo. Hasta que lo diviso en la recta. Yo entro y él sale, así, cada medio giro. Pero cada vez con menos intervalo, cada vez más cerca. No veo nada más que su cabeza, el resto desaparece, y no escucho nada más que alientos, los mismos que me venían empujando desde la primera vuelta, ahora redoblan el esfuerzo para ayudarme a alcanzarlo. Todos entendieron donde estaba mi enfoque, hacía donde voy, metro a metro alguien me empuja con un grito para achicar la brecha.

Sobrepasando a Jorge Cabrera de Paraguay

Son pocos metros, está demasiado cerca. Y son muchas pasadas hechas en Lobos saliendo a alcanzar a mi compañero de entrenamiento, aprendí a correr de atrás, aprendí a alcanzar, y aprendí a pasar. Lo conecto entrando a la recta principal, se abre para darme paso, le grito que no le estoy sacando una vuelta, que vamos de igual a igual, que estamos a la par. Me quedo detrás de él 200 metros, y paso al frente. Ahora le grito que me acompañe, que vayamos a buscar más adelante, sé que todavía puede aparecer alguno más. Pero me equivoco; ni me puede seguir, ni aparece alguno más, ya que adelante sólo hay seis argentinos, un paraguayo y un brasilero. Alguno más me saca una vuelta, me sirve para aprovechar el ritmo, incluso puedo mantenerme un poco a la par. Pero ahora la mayor ayuda está afuera, nunca recibí tanto aliento, no hay un sector de la pista donde falte el “¡Vamos Eze!”, no es sólo lo que viajaron para verme, son muchos más, conocidos de la pista, contactos de facebook, personas que no conozco. Las últimas vueltas son un torbellino, no quiero guardarme nada, está es la carrera que quería correr, la que esperé un año, estoy ahí para terminar vacío.

solo10nacho de fondo

El pelado de atrás es mi hermano, Nacho

Últimas dos vueltas, escucho la campanada para los que me sacaron una vuelta, el público enloquece, ya no distinto el aliento que era para mí por el griterío general. Todo se acelera, incluso mis pasos, sé que estoy arriba de mi marca, pero no entiendo bien cuanto. Campanada final. Entro en mi última vuelta, ahora si el aliento es para mí, he ganado varias carreras, en el CeNARD y afuera, en pista, en calle y en cross, nunca recibí tanto empuje. La última vuelta es una locura, entiendo que el público reconoció mi tozudez, que no dudé en correr aún siendo el último lejos, muy lejos, que había ido para dar lo mejor de mí, y lo había hecho. No puedo guardar la sonrisa en ningún momento de la vuelta, cada metro fue demasiado pleno. Sin duda fue la llegada más emocionante que he vivido, a pesar de que crucé anteúltimo. Me costó un tiempo entender, pero había quedado a 2 segundos de mi mejor marca, en 31’36” había dado lo mejor de mí; yo solo.

El reconocimiento después de la carrera realmente me impactó, teniendo en cuenta que había quedado tan atrás, al menos al principio. Pero el reconocimiento interior también fue fuerte. Me sentí orgulloso de mi actitud, incluso muchos minutos antes de largar. Faltando medía hora descubrí que estaba en la segunda serie, primero en la lista, pero en la segunda serie, y no quería ser cabeza de ratón. También vi que se había bajado el último de la primera serie. Y sabía que la diferencia por ranking entre ese atleta y yo era de 0,3” en la marca de 10.000, si, tres decimas de segundo. Así que no lo dudé, y me perdí 20 minutos, para hablar con todos los que fueron necesarios hasta cambiarme a la primera serie. Prefería ser el peor, pero entre los mejores. Entré en calor muy poco, pero con la idea clara de para que había entrenado desde diciembre; para vivir el sueño, o morir despertándome.

Clasificación NacionalNo gané, no mejoré mi marca, no cumplí mi objetivo; pero siento que corrí la carrera que muchas veces soñé. La temporada de pista recién comienza, tengo siete semanas por delante de intensa competición en 3.000 y 5.000 metros, para terminar en los 10.000 metros de la Copa Nacional de Clubes, ahí me estarán esperando nuevamente los 31’34” para intentar cruzar antes la meta, tengo 52 noches para soñarlo, y 52 días para entrenarlo.

 

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Ezequiel Brahim
Ezequiel Brahim

Seguramente no soy el único que empezó a correr para bajar de peso. Ya cinco años pasaron, y no sólo conseguí bajar de peso, descubrí nuevos mundos, al principio en la calle el universo del running, luego, en la pista, el atletismo de elite. Compartir lo mejor de ambos, es el impulso para escribir cada linea.

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5 Comments

  1. ramon alberto
    abril 02, 16:52 #1 ramon alberto

    excelente lo tuyo ezequiel…gracias por tus palabras…gracias.

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  2. Raul Conde
    abril 05, 01:44 #2 Raul Conde

    Muy buen relato Ezequiel!. Felicitaciones!
    Salvando las distancias (por la época, por la prueba, por la pista, etc) alguna vez me sentí como decís, porque siendo menor (16 años) corrí un Torneo Internacional Semana del Mar en 1979 (Mar del Plata) 3000 m entre mayores, entre los que estaban Jorge Monín, Jorge Yeber y otros grosos de la época, quedé 7º con récord argentino: 9’09”.
    Hice mi carrera, corrí en primera y logré uno de mis objetivos. De eso se trata.

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  3. ¨Jaime Fusk... ... si tuviera que llamarme por un sobrenombre, seria
    abril 10, 14:33 #3 ¨Jaime Fusk... ... si tuviera que llamarme por un sobrenombre, seria "Lobo Viejo Solitario"

    Saludos Ezequiel… increible pero hasta hoy leo tu blog y parte de su cronica sobre el famoso 10.000!!! Veo que te prendio la sangre!!! Vibrante narraciòn, el atletismo de pista es ingrato, porque corres, tienes buenas sensaciones… pero en nada se reflejan en el tiempo. y cuando “pegas tu tiempo y tienes buenas sensaciones, se convierte en un dìa, magico y especial”. Pero al fin y al cabo, eses es el encanto, derrotarse a uno mismo, un triunfo muy personal, el derrotar su sombra, tu mente y tus miedos en una y cada una de las 25 vueltas a la pista… que al final resulta que ninguna fue igual a la otra!!! Y muy de acuerdo contigo… en “Prefería ser el peor, pero entre los mejores”.. a lo cual le agregaria… “que ser el mejor entre los peores”…
    Saludos

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    • Ezequiel Brahim
      abril 10, 23:50 Ezequiel Brahim Author

      Muchas gracias Jaime por tus palabras, “ese es el encanto, derrotar a tu sombra.” Gracias por mejorar mi crónica con tu comentario. Gran abrazo!

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