Cuando menos es más

Cuando menos es más
noviembre 19 19:12 2013

Hay una frase que me gusta mucho “el secreto está en el equilibrio”.

 

Y no la escuche de un amigo que trabaja en la cuerda floja de un circo, sino que realmente creo que muchísimas veces lo mejor y lo más difícil es encontrar el punto justo de cada actividad, de cada actitud, de cada momento, incluso de la sal en la comida. Porque ya que estamos con las frases, es feo comer sin sal, pero peor en comer sal sola. De la misma manera es malo no buscar nunca el límite en el entrenamiento, pero peor es buscarlo en todas las sesiones.

En el mundo del running el equilibrio es indispensable para mejorar, y no me refiero la capacidad de balancearnos alternadamente sobre cada una de nuestras piernas, sino al administrar armoniosamente los ingredientes que terminan conformándonos como atletas.

Sin duda, es este un deporte que cautiva a quienes nos gusta buscar nuestros límites, sorprendernos de cuanto somos capaces, ir por más; más rápido, más fuerte, más lejos, más repeticiones, más kilómetros, más, más, más… En muchos casos ese espíritu nos mejora día a día, nos acerca a nuestras metas y nos lleva a lugares que quizás nunca habíamos imaginado. Pero en otras ocasiones puede volverse en nuestra contra. Entrenar nos lleva a construir paso a paso una mejor persona, por ese camino aparecen obstáculos y al sortearlos vamos perfeccionándonos; muchas veces el dolor es uno de ellos, luchamos por superarlo e infinidad de veces los vencemos,  pero perder de vista el foco y pensar que siempre entrenar más es mejor y que superar cualquier dolor es bueno puedo llevarnos a perder el rumbo.

El diseño del cuerpo humano es fascinante, millones de sensores lo monitorean constantemente. El saber escucharlos y entender su idioma es una herramienta enorme para mejorar nuestro rendimiento. Entender que hay muchos dolores diferentes; algunos significan que estamos mejorando, otros que son el límite que nunca habíamos cruzado y que buscando un poco más encontraremos algo nuevo, pero otros nos alertan sobre una estructura que está sobrecargada o un esfuerzo que nos está dañando. Estar atento a ellos y actuar inteligentemente de acuerdo a sus señales muchas veces es la diferencia entre un crecimiento continuo año a año o empezar de cero luego de cada lesión.

En su libro “Entrenamiento de la resistencia”, Cesar Roces deja esta idea; el que más progresa no es el que más entrena, sino el que más entrenamientos asimila. Voy a poner un ejemplo que me tocó vivir y me llamó mucho la atención. Hace un tiempo, nos fuimos con un grupo de corredores a entrenar un fin de semana a Tandil, éramos unas treces personas. Para ubicarnos en el nivel atlético de cada uno, yo ya estaba corriendo debajo de 33 minutos los 10k y el segundo más rápido del grupo estaba a unos 10 minutos de mi marca, de allí para arriba el resto del grupo. Lo que me sorprendió fue que todos entrenaron mucho más fuerte que yo; más kilómetros, más intensidad. No fue porque entrenase muy poco, cumplí un plan similar al de todos los fines de semana, simplemente todos salieron a buscar mucho más. Hablando con algunos un par de días después seguían muy doloridos, recuperándose recién a finales de la semana. Esa misma semana yo pude entrenar con normalidad y hacer varios estímulos intensos. Sin duda en el grupo había la mejor voluntad y entusiasmo de mejorar y superarse, todos habían viajado cientos de kilómetros con ese fin, pero a veces ese entusiasmo nos puede jugar en contra. A veces con más se logra menos.

Una buena forma de canalizar esa energía por dar más puede ser dirigirla a otros aspectos del entrenamiento, no todo queda en lo que se haga en la pista o sobre nuestras zapatillas, también descansar mejor, alimentarnos más sanamente, elongar regularmente o fortalecer mejor nuestra mentalidad competitiva puede darnos muchos más resultados que un fondo sufrido o resistir una lesión. Buscar equilibrar nuestras ganas puede alinearnos mejor con nuestros sueños.

                                                                                                                                                                               

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Ezequiel Brahim
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Seguramente no soy el único que empezó a correr para bajar de peso. Ya cinco años pasaron, y no sólo conseguí bajar de peso, descubrí nuevos mundos, al principio en la calle el universo del running, luego, en la pista, el atletismo de elite. Compartir lo mejor de ambos, es el impulso para escribir cada linea.

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