Crónicas cariocas II

Crónicas cariocas II
julio 26 00:35 2014
Se escucha movimiento, una bici que rueda, unos pasos que andan, un chiquito que se levanta. Con apenas un ojo abierto busco el celular, son las siete de la mañana y quiero comprobar si hay señal de wifi, abro la aplicación del clima en Lobos; 2°, siento frío, pero recuerdo que acá hacen más de 20, que Eze está haciendo bici en el rodillo, que Sole está cambiando a Philipe para llevarlo al jardín, y me dan ganas de levantarme y empezar a moverme.
El pan de azúcar a mi derecha, el Cristo a mi izquierda
Ocho y pico estoy saliendo a trotar el primer turno con Sole, acá es incluso más fácil salir temprano que en Cachi, pareciera que el día se despierta antes más allá del reloj. Luego de recorrer juntos la avenida Almirante Ary Parreiras, un frondoso boulevar con un ancho canal entre ambas vías por donde corren las aguas de lluvia, no sé bien porque pero el olor es un poco feo, lo único que empaña el recorrido hasta la playa, nos dividimos en la entrada al túnel largo que traspasa el morro Cavalao yo entro y ella sigue hacía Icaraí. Desemboco en la playa San Francisco, de a poco me voy soltando a pesar del viento en contra, hay poca gente en la costa pero nunca falta alguien corriendo o alguien paseando, o ambas cosas. La vista de Río desde esta playa es mejor aún que desde Icaraí, se disfruta del Cristo coronando la ciudad y el pan de azúcar marcando la unión del mar y la bahía. Ya volviendo sombre mis pasos me encuentro con Sole y regresamos sueltos con el viento en nuestras espaldas, ahora atravesando el morro por el otro túnel que existe, conocido por su longitud con respecto al otro como “el corto”.
Con Edson el año pasado
Hoy ya estamos en condiciones de hacer doble turno, por la tarde salimos con Ezequiel, como siempre rumbo al mar por la av. Parreiras, en apenas algo más de diez minutos llegamos a la playa de Icaraí donde nos espera Edson, un amigo que conocí en mi estadía del invierno pasado y con el cual seguimos en contacto durante todo el año. Los tres subimos por la estrada Froes, es calle une las playas de Icaraí y San Francisco serpenteando entre el morro Cavalao y el mar, es una linda subida para luego bajar a la otra playa. Vamos cómodos por la bicisenda y al llegar a San Fancisco seguimos un poco más por la costanera. El ritmo fue más suelto pero la charla hizo que no diera cuenta ni de la velocidad ni del tiempo, cuando me di cuenta ya estábamos retomando para el departamento.
Bicisenda estrada Froes

Dos trotes, dos paseos, dos salidas con amigos, por eso nunca deja de causarme gracias cuando me dicen “¡Que fuerza de voluntad para entrenar tanto!”. Siempre pienso ¿Dónde está el esfuerzo? Salir a recorrer, charlar, compartir buenos momentos; soy un bendecido de poder hacerlo tantas veces por semana. Y no quiero ponerme trágico pero si entrenar es un sacrificio que queda para el que se levanta antes que el sol para ir a sumar largas horas de trabajo todos los días…

Pero volviendo al placer de correr, hoy fue de la forma que más me gusta, un placer compartido.
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Ezequiel Brahim
Ezequiel Brahim

Seguramente no soy el único que empezó a correr para bajar de peso. Ya cinco años pasaron, y no sólo conseguí bajar de peso, descubrí nuevos mundos, al principio en la calle el universo del running, luego, en la pista, el atletismo de elite. Compartir lo mejor de ambos, es el impulso para escribir cada linea.

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