Correr buscando crecer – Federico Sánchez Parodi

Correr buscando crecer – Federico Sánchez Parodi
abril 13 07:00 2015

Fede LargadaCorrer, trotar o caminar 160 kilómetros de un tirón, en uno, dos o tres días no es algo habitual. Extrañamente esa idea entre en la cabeza de uno, y más difícil es lograr que los demás lo comprendan. Febrero del 2015. La cuarta largada de La Misión, un ultra trail que comienza y concluye en el centro de Villa La Angostura, con 100 millas y 8000 metros de desnivel en 76 horas (www.lamisionrace.com.ar), siguiendo marcas y senderos, autosuficiencia y por sobre todo, compañerismo, aún con los desconocidos. Casi 500 corredores esperan largar. En su mayoría en la mayor distancia, pero también hay varios que dicen presente en los 40 y 80 kilómetros. Varios amigos, algunos con quienes fui entablando lazos a través de los años, alguno que llegó a la meta gracias a mis arengas y mucha, pero mucha gente a la distancia haciendo fuerza por uno, apretando F5 en la pantalla, esperando una actualización que muestre el paso del corredor número 76. Un año entero de puesta a punto. Mi profesor Matías Stampone, obviamente, fue una pieza clave, no sólo en esta ocasión, sino en mis llegadas del 2012, 2013 y en la primera, 2011, cuando “me clavé” a los 100 kilómetros por las ampollas. Había dejado atrás los 21 y 42k de Buenos Aires, como también mi familia, que me acompaña en todas estas locuras, o mis amigos, que ya se acostumbraron a verme en una foto en medio de la montaña. También incluyo a mi nutricionista, Luciano Spenna, fundamental a la hora de terminar de darle el giro que uno necesita en la alimentación. Uno gana más de lo que cree a su lado. El día previo tiene esa mezcla de entusiasmo, nerviosismo, cagazo auténtico y al mismo tiempo, responsabilidad. Saber que te esforzaste todo el año para esto, y gracias a la experiencia, tener la suficiente mentalidad como para saber que es posible lograrlo. Es una idea similar a los rostros de los corredores el día previo a la maratón. Recuerdo una vez haberlo escuchado al periodista Gustavo Montes decirlo. En un 10k o hasta en la media, uno disfruta y pierde tiempo en la previa. En la maratón no haces más que un par de muecas y te volves. Acá pasa lo mismo mientras se chequea el equipo. Me llama Maxi horas antes. Se había olvidado de mi viaje y me habla de fútbol…hasta que se da cuenta de mi momento. Aún así, le cuesta creer lo que haré. Es uno entre muchos que vuelven a preguntar “vos vas a hacer 160 kilómetros…¿en bicicleta o auto? No puede ser a pie”. Calor en la largada. No tengo a Martín (Torrent) para que me diga un par de palabras. Es un viejo conocido que se volvió amigo compartiendo estas locuras, ni a Claudio González Pardón. Ambos, por lesiones, quedaron en Buenos Aires sufriendo a la distancia. Gustavo y Germán aparecen. El Gaita también. Todos van por los 160, mientras que Pablo probará por primera vez los 80. Selfies previas, bromas y ansiedad. Estamos listos. Lo miras a Gustavo Reyes o a Sofía Cantilo y los aplaudís, en una mezcla de admiración con orgullo de verlos. Crucé dos palabras con los brasileños Eugenia y Leo, dos corredores formidables, que se ocultan detrás de su humildad. Y vos estás ahí, paradito, delante de la largada, hasta que das los primeros pasos, dejas atrás todo, las comodidades, los gritos del Mauri Pagliacci, los aplausos de la gente…y te metes en medio del bosque, para encarar el cerro Bayo.

Fede fila indiaDisfrute mirar a mí alrededor. Disfrute estar en la cima, y también cruzarme con varios conocidos. Pasarán el Piedritas, O´Connor y el Buol, aparte de coles, bosques interminables, altas temperaturas, y arroyos que ayudarán para no deshidratarse. El calor hace que varios tengan vómitos. Muchos no pueden seguir. La ingesta de sales se vuelve más que importante. El conocer el recorrido, pero haberlo hecho a la inversa, permite conocer las marcas, pero no por eso uno logra sortear con mayor facilidad las dificultades. Tenía planeado hacer mucho menos de las casi 73 horas recorridas. Corrí gran parte de la primera etapa, aunque el peso de la mochila, unos 8 kilos que permiten abastecerte con todo lo que uno necesita, te impiden tener tanta destreza. Llegué hasta los 80 kilómetros tal como quería. Quizás hice un par de kilómetros más de acuerdo a la estrategia de las dos noches (durmiendo poco más de dos horas por día), pero tras una falla de cálculos, todo me cambió. Una diferencia de ocho kilómetros llevó a no poder concretar la estrategia. Me quemé la cabeza caminando una hora entre sueños, y no llegué cómo quería al segundo puesto de control. Esperaba tenerlo mucho antes. Todo se alargó y me alteró la forma en que quería correr. Disfrute de la soledad y del silencio, pero también me canté, me hablé, intenté levantarme en medio de un bosque extenso, pero debí parar ir dormir un tramo para resetear mi cerebro y arrancar nuevamente con las pilas cargadas. Estaba anulado. Sólo recién después de 90 minutos me reactivé y volví a andar, ahí acompañado. Es por eso que encaré el O´Connor al mediodía. Me detonó. Fue mortal. Terminó por tachar el plan. La Misión es así, ajustable a la vida misma, con permanentes cambios y giros.

Fede soloMi idea de encarar los filos en la madrugada había variado por seis horas, y de una temperatura fría, terminé recorriendo ese tramo interminable en el peor horario. Y a pesar de tener por delante 30 kilómetros solamente, me vi obligado a dormir un rato y a encarar un col y otro filo con otra cabeza, con el control de la carrera, pero también, regulando. Suena raro decirlo en una carrera de tres días, pero fue así. Sabía que llegaba, por eso no forcé la máquina. No cambiaba tardar una hora más o dos menos. Acelerar el paso no iba a modificar el no llegar en el horario propuesto. Así fue como la cabeza dominó al cuerpo. El Boul es extenso. Infinito. Interminable. Pero disfrutable…en parte. Ver picos que sobresalen por sobre el que uno está transitando invita a putear, a maldecir, a preguntarse “¿Qué hago acá?”. Las fuerzas no están presentes, al menos por un rato. Recién cuando restan pocos kilómetros y encaro la parte final en el bosque es que me reactivo. Hablo con mis viejos. Empiezo a llamar a Mati, a Christián, Nico, Facu, a…todos mis amigos. Twitteo. Mando whatsapps. Tres días de alejamiento de la tecnología hacen que cuando vuelva, reciba una lluvia de mensajes. Es algo que te deja sin palabras. Veo los primeros indicios de la ciudad. Me esperan en la llegada Flor y Damián, algo que me pone muy contento. Me emociona. “Vos mandanos un mensaje a la hora que sea y ahí estaremos”…y los dos cumplieron. No pido más. Tanto como encontrarme a Pablo y a su familia metros antes de llegar. A la noche me cruza Claudia, que venía de correr El Origen. “Estás chino”…así estaba. Con los ojitos chiquitos. Casi dormido. Pero feliz, no queriendo despertar de lo que parecía un sueño. Tercera medalla de Misión Cumplida. Como las otras, la tengo tirada por ahí. Un pedazo de chapa no me cambia la vida tanto como la experiencia vivida, el haber disfrutado el viaje o saber que por más montañas que uno tenga delante, nada me detiene…y vamos por más.

Federico Sánchez Parodi

@fsanchezparodi


Fede Misión cumplida

 

  Article "tagged" as:
  Categories:
view more articles

About Article Author

Ezequiel Brahim
Ezequiel Brahim

Seguramente no soy el único que empezó a correr para bajar de peso. Ya cinco años pasaron, y no sólo conseguí bajar de peso, descubrí nuevos mundos, al principio en la calle el universo del running, luego, en la pista, el atletismo de elite. Compartir lo mejor de ambos, es el impulso para escribir cada linea.

View More Articles
write a comment

0 Comments

No Comments Yet!

You can be the one to start a conversation.

Add a Comment

Your data will be safe! Your e-mail address will not be published. Also other data will not be shared with third person.
All fields are required.